viernes, 9 de marzo de 2012

El Dios de Baruch Espinoza



 Baruch de Spinoza (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés, de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz.

Spinoza debió ser muy lúcido y arriesgado  para escribir semejantes razones en la época que vivió.... Quizás si pensáramos así, habría más felicidad en el mundo, menos  fanatismo, menos guerras, más amor, más comprensión...

Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

Dios hubiera dicho:
"Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que  quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.  Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es  en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad  fuera algo malo.
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes  expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada  tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un  paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...  ¡No me encontrarás en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi  trabajo?
Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.
Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para  quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios puede hacer eso?
Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única  oportunidad de disfrutar, de amar, de existir. Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.  Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?... ¿Te divertiste?...  ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?...
Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido…? ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
Deja de complicarte y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?
No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti.
Spinoza

lunes, 5 de marzo de 2012

PIZARRAS DIGITALES ¿ SI O NO ?

No nos confundamos: el buen profesor lo seguirá siendo con o sin pizarra digital. El mal profesor, por el contrario, lo será mucho más  con ella. Nada puede sustituir a la vocación y al talento. El hábito no hace al monje.  Educar es un arte humano de transmisión, y por lo tanto no necesita de grandes medios, necesita de grandes seres humanos.
También la enseñanza ha caído en la trampa de la falsa necesidad adquirida, fruto de la insoportable tiranía del desarrollo tecnológico, insaciable, devastador...  Y del día a la mañana nos quieren convencer de que todo Colegio que se precie necesita tener una moderna pizarra digital en cada aula. Yo no lo creo.
La pizarra digital es una herramienta  maravillosa, llena de posibilidades, pero desde luego no es  indispensable.  Conozco colegios estupendos surtidos de pizarras digitales y a la vez colegios ejemplares sin ninguna tecnología de este tipo en las aulas. No son la pizarras (digitales o no) las que hacen mejor o peor al colegio. No son más que herramientas. Y como toda herramienta, como todo medio, tiene que estar al servicio de una idea profunda y sólida de la Educación, y en ningún caso se pueden convertir en la SOLUCIÓN de enorme crisis educativa que vivimos en la actualidad.
Mucho antes que pizarras digitales en el aula, todo centro debería cubrir una serie de necesidades mucho más importantes: estoy hablando de un proyecto pedagógico global que sea inteligente, apropiado, claro y viable. Hablo de un horario escolar y una distribución de asignaturas a lo largo de éste, que sea razonable y productiva (¿Cómo se puede dar una clase de matemáticas a las 15:00 h. de la tarde, con o sin pizarra digital?). El centro necesita una formación constante de su profesorado en nuevas técnicas y recursos pedagógicos (que no tienen por qué estar relacionados forzosamente con nuevas tecnologías:  Inteligencia Emocional, Creatividad, Autoconocimiento, Movimiento Expresivo, Voz, Relajación, Concentración, etc…).  El centro debe tener también un organigrama de responsabilidades que sea funcional y un sistema de comunicación entre profesores que sea real: con espacios y tiempos suficientes para compartir, para proponer, para trabajar juntos y en la misma dirección.  Mucho antes que pizarras digitales, un Colegio debería tener una dirección pedagógica sólida, innovadora y constantemente actualizada, que favorezca el trabajo en equipo, el buen ambiente entre compañeros y estimule la vocación docente… En definitiva, mucho antes que pizarras digitales, un Colegio debe tener clara su idea de educar,  su filosofía de enseñanza.
Y otro problema: creemos que la pizarra digital hace la clase más atractiva, y por lo tanto mejor. Con ella todo es fácil, inmediato, rápido, efectivo: ya no hay que “perder el tiempo” escribiendo en el encerado. Puedo proyectar la página del libro de texto, guardar el ejercicio del día anterior, buscar inmediatamente cualquier imagen, o encontrar el perfecto  video de youtube. Por supuesto que nada de eso es desdeñable, pero ¡cuidado!... ¿A todos los niveles?.  No.  Creo que ya ha llegado la hora de proteger también a los más pequeños de la maldita rapidez, de la inmediatez, de lo fácil y cómodo, de lo atractivo pero en el fondo efímero. Si todo es inmediato y fácil…¿Cuándo se aprende a ser paciente?, ¿Cómo se trabaja la constancia?, ¿El esfuerzo?, ¿La recompensa como consecuencia de un largo camino de generosa entrega?. O mucho más importante…¿Cómo se trabaja el pensamiento?.
La obtención de la información se ha convertido en algo absolutamente vulgar. Todos tenemos ya acceso rápido y fácil a casi toda la información que necesitamos e incluso a la que no necesitamos.  El problema de la educación ya no es conseguir o transmitir información. El problema de la educación hoy, es enseñar a gestionar esa información, a contrastarla, a relacionarla, y sobre todo a trascenderla elaborando con ella pensamientos y experiencias vivas. Y eso, gracias a Dios,  no lo puede hacer ninguna nueva tecnología. Ni podrá jamás.
No todo ha de ser fuegos artificiales e imágenes virtuales. Y mucho menos a edades tempranas. Los niños, cuanto más pequeños, más necesitan saber cómo se hacen las cosas y cuanto cuesta que se hagan. Una pizarra digital para un niño de 3 o 5 años no es más que un espejo mágico.  ¿Dónde queda la lenta artesanía de la buena escritura de la maestra?…¿La belleza de la contemplación del proceso de elaboración de un dibujo?, ¿El descubrimiento de mil formas en una textura?...¿ O la fantasía que convierte a una piedra del patio en un caballero andante, y un palo seco en su flamante corcel?...  No somos virtuales y necesitamos experimentar la realidad:  con las manos, con el cuerpo, y con la bendita y olvidada IMAGINACIÓN!!  ¡Así seremos  testigos de la lenta y firme construcción de los pensamientos!... ¿Y acaso educar no es  enseñar a pensar?.
Y luego pretendemos que el “niño”, al llegar a Bachillerato  sea responsable, tenga  hábito de estudio, constancia y madurez intelectual.  Para eso antes tendría que haber aprendido que el camino se hace al andar, y que no es lo mismo llegar a Compostela  paso a paso, después de un mes de peregrinación, que hacerlo en tren o en avión. La plaza del Obradoiro siempre pertenecerá a los peregrinos, y jamás a los turistas. Quien lo probó lo sabe…
Es importante recuperar la artesanía de la enseñanza. Hay que recuperar el respeto a los procesos, a los tiempos, a la dedicación, al buen hacer relacionado con lo lento, lo reflexivo, lo meditado.  En todo lo virtual-digital, hay algo lejano, frío y deshumanizado.  Hay que desintoxicar a los niños del ocio rápido, del entretenimiento histriónico  y adictivamente fugaz que les esclaviza, y que en ningún caso debe trasladarse al aula. Y sobre todo, hay que rescatar el enorme valor de la presencia humana, real, en carne y hueso. La irremplazable presencia humana del “maestro” , ejemplo, autoridad y guía en el estudio, en el aprendizaje.  
Y después, si el maestro quiere y dispone de ella, que encienda su pizarra digital.
Jaime Buhigas