jueves, 26 de junio de 2014

Querido Andrés (profesor de latín):



Se que no es normal que una alumna escriba cartas contando lo que le parece una clase y tu método de explicar, pero espero que todos estos sentimientos que quiero transmitirte en este folio te sirvan para darte cuenta de lo que no solo me has aportado a mí, sino a los siete alumnos que formamos parte de tus clases de Latín.

Viniste de sustitución, ya que una profesora se jubilaba y nos dijiste que no querías una clase en la que nos durmiésemos cogiendo apuntes. Decías que lo más importante era la buena relación con el profesor, que no querías que nos aprendiésemos las cosas de memoria, incluso nos dabas trucos de lo más absurdos, pero útiles, para aprendernos una declinación. Aún me acuerdo de la famosa teoría del Sandwitch. Esa en la que explicaste perfectamente que las oraciones se van analizando poco a poco, que debemos tener los elementos necesarios; que para hacer y degustar un bocadillo de lo más apetitoso se requería práctica, esfuerzo e interés.

Las teorías con el paso del tiempo han resultado de lo más útiles y esa emoción, tu manera de parar las clases para contarnos un chiste cuando nos veías desconectados y “en la luna de Valencia”, han hecho de ti un profesor con interés, una clase a la que merece la pena ir y no saltarse ninguna de las explicaciones porque… ¿Quién sabe como terminará la teoría del enanito? ¿Cómo acabará esa historia de la huida de un bar en el que había millones de personas?

Da gusto ver como alguien es tan entusiasta, como nos entiende, como no solo nos enseña lecciones de Latín, si no que nos enseña a reflexionar sobre la vida, a detenernos tres segundos y pensar cual es la manera correcta de resolver un problema.

Solo tengo palabras de agradecimiento hacía a ti. Así que gracias. Gracias por todas esas teorías (sé que aún quedan varias).

Quiero darte las gracias también por como nos motivas, por como intentas “chantajearnos” con lacasitos de chocolate cada vez que hacemos bien un ejercicio. Me gusta especialmente cuando nos regalas dibujos de ochos que supuestamente son gatos dibujados por tu hijo de tres años. Aún conservo uno en el corcho de mi habitación y es imposible contener la risa, pues el gato parece un ciempiés de las miles de patas que ha dibujado.
Es una rabia no saber si el año que viene estarás de nuevo con nosotros, pues quiero seguir teniendo apuntes llenos de anotaciones por todas partes en las que escribo una y otra vez tus teorías; garabatos que después me hacen sacar buenas notas en tu asignatura.
Gracias una y otra vez por ser así y por todo lo que nos has aportado durante este curso.

Se despide tu alumna de primero de bachillerato.
Instituto Ramon y Cajal de Madrid.


Marta García

2 comentarios:

  1. En cartas como esta se demuestra que un profesor no siempre es el "jefe aburrido y criticón", sino una persona que disfruta de su trabajo y capaz de convertirse en un amigo del alumno. De esta manera la educación se convierte en una diversión y es más efectiva.

    ¡¡Enhorabuena, Marta!!

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    1. ¡ Completamente de acuerdo! A veces no es necesario que sea nuestro amigo, pero si que sea una de esas personas que te comprenden cuando estas mal y se dan cuenta de que a veces tu distracción en una clase sea porque no nos sentimos bien con nosotros mismos teniendo el problema que sea y sobre todo que sea un profesor que se preocupe por nosotros ( Como es en este caso)
      ¡ Gracias por tus ánimos Dani!

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