lunes, 26 de enero de 2015

LO SIENTO, PERO NO TENGO TIEMPO……PARA EDUCARTE.


Absurdo verdad? Esgrimir la falta de tiempo como el causante de nuestra imposibilidad para educar a nuestros hijos y alumnos, parecería de entrada absolutamente ridículo. Sin embargo esto es una realidad que día a día vemos en nuestros talleres de formación de padres y profesores. Mira estos ejemplos tomados de ellos:

-Los hijos de María han estado toda la tarde jugando. Todo está tirado por el suelo, pero a la hora de recogerlo ella reconoce: “Hoy no tengo tiempo que perder intentando que ellos lo hagan. Me cuesta mucho menos recogerlo yo”.

-Los alumnos de 2º de la ESO han hecho su función de teatro de navidad. El cuarto del vestuario se encuentra patas arriba. La tutora pide padres voluntarios para dedicar unas horas a recogerlo: “Los alumnos no pueden perder ni una hora más de clase. Con tanto ensayo ya nos hemos quedado muy atrás con el temario”.

-Pablo es profesor de filosofía. Le gustaría incluir en su clase debates y  enseñar a argumentar y ser críticos a sus alumnos: “Imposible, dice, tengo medidos los días exactos de trabajo hasta final de curso. No tenemos tiempo para más”.

-Luis tiene 14 años y no hay forma de levantarlo de la cama por la mañana y su madre se desgasta en la misma batalla cotidiana. En el taller proponemos que deje a Luis que se enfrente con las consecuencias de esta actitud. Su madre nos contesta: ¡Uf, así sería peor! Mi hijo tardaría meses en reaccionar y no tenemos tiempo para eso, pues ya lleva todo con pinzas en el colegio”.

Así podía estar enumerando cientos de situaciones en las que el tiempo y la carencia de este, nos aleja de la formación que aún sabiendo necesaria, no damos  a los niños y adolescentes.

Vivimos un momento en el que buscamos en todas nuestras acciones la inmediatez, la rentabilidad de cada segundo y hacer cuantas más cosas a la vez, ¡mejor! Esta urgencia debilita muchos aspectos de nuestra vida pero especialmente la calidad de nuestras relaciones y por lo tanto la calidad de la educación, que hemos relacionado únicamente con la adquisición de contenidos. En ningún caso hay espacio para que los niños experimenten la consecuencia inevitable de sus acciones, sean autónomos y aprendan por ellos mismos.Si no hay coste de dichas acciones, no hay aprendizaje ni responsabilidad.

Dicha responsabilidad, que la podíamos definir como la capacidad para escoger voluntariamente la mejor respuesta ante una situación, queda reducida a una triste obediencia, muy acotada por nuestra intervención constante; por nuestra reiterada interferencia en dichas respuestas.

Ciertamente los niños tiene que salir del colegio teniendo un alto grado de conocimientos pero: ¿Qué salen siendo? ¿Son realmente mejores, más responsables, motivados, maduros, autónomos?¿Qué grado tienen de conocimiento de si mismos? Y sobre todo: Si el colegio tiene que garantizar unos mínimos conocimientos teóricos para que se busquen la vida, ¿no debiera buscar igualmente la escuela un mínimo desarrollo emocional, un vínculo de cada uno de nosotros con la sociedad, un mínimo de conocimiento de cuales son los talentos que a cada uno nos asisten para poder llevarlos al mundo? Seguramente tu respuesta inmediata sería; si pero…no hay tiempo.

Día a día perdemos mil oportunidades para enseñar a ser, en vez de enseñar a tener ( datos, títulos, cursos, masters...) y luego nos quejamos de nuestra incapacidad para gestionar los aspectos emocionales de la vida que es donde realmente se mide el éxito de ella.

Vivimos en el “sálvese quien pueda” y los índices de depresión, fracaso y falta de sentido vital son alarmantes. Pero de nuevo diremos…no hay tiempo.

Si no hay tiempo para enseñar a nuestros niños a ser más y mejor, nos estamos equivocando de forma estrepitosa. Si no hay tiempo para educar en la vida por educar en el dato estamos yendo en contra de nuestro propio tiempo que nos ha puesto fácilmente  a nuestro alcance infinidad de estos y vivimos en el ahogo y la urgencia de aprender a manejarlos.

Éste, más que nunca, es el tiempo de educar para ser, que sin duda nos llevará a un mejor tener y , por favor, ¡seamos humildes! No es que no tengamos tiempo para ello, es que no sabemos hacerlo. No sabemos.

Es mucho más fácil dar datos, que dar vida.

Marina Escalona




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