jueves, 29 de enero de 2015

¿PUEDES SOSTENER LA MIRADA DE UN NIÑO?



Cualquier adulto que esté acostumbrado a talleres de formación o crecimiento personal, sabe que una de las pruebas que más nos cuesta es sostener la mirada fija en los ojos de otro adulto. Esa mirada suspendida nos deja enteros y verdaderos al alcance del otro, y por eso muchas veces la rompemos o evitamos con mil pestañeos.

Si esto es difícil, lo es mucho más sostener la mirada de un niño. ¿No lo has sentido alguna vez delante de tu hijo o alumno? Yo sí, y pocas cosas en la vida exigen tanta valentía y humildad a la vez.

-¿No has tenido que sostener una pregunta que te pedía inevitablemente una verdad que tu no sabías manejar?

-¿Has tenido que sostener una reclamación que no habías atendido, aún sabiendo que era cierta?

-¿Cuántas veces tienes que sostener la tristeza de sus pérdidas, aunque no las veas?

-¿Cómo de duro es sostener su rabia, cuando nosotros hemos sido los causantes de la injusticia que la ha despertado?

-¿Cuántas veces igualmente no puedes sostener su alegría pues en ti ya no la hay?

-¿No es especialmente duro sostener su inocencia sin desacreditarlos por simples, pues hace mucho tiempo que olvidamos qué era eso?

-Y finalmente, cómo te has sentido cuando la peana en la que te has subido para educarle, ha llenado a un niño de la más desoladora de las vivencias: la decepción.

Esperaba un ejemplo de ti que no llego.

En la mirada de un niño nos pone aprueba a los adultos la vida, pues somos nosotros los que le devolvemos la medida de la verdad que puede esperar de ella. 

Por eso muchas veces nos falta humildad para admitir que no hemos dado la talla; que a través de nosotros un niño o adolescente ha muerto un poco pues le hemos puesto a las cosas un filtro gris, ramplón y bastante mediocre, hecho a medida de nuestras creencias y de lo que se suele decir. Respuestas automáticas, en vez de decir algo tan grande como:  No sé.

Vivimos en la certeza de que los adultos tenemos que tener respuestas para todo, y si no estamos a la altura de lo que nos piden siempre nos quedará el: ”¡Porque lo digo yo!”
Que vergüenza interna he sentido en algún momento de mi vida ante mis hijos o alumnos cuando todavía no tenía la sencilla respuesta de dos palabras que pone las cartas boca arriba:

No sé como responder a lo que me preguntas…
No sé ser justo ahora…
No sé acompañar tu alegría…
No sé confiar como tu…
No sé como cambiar lo que me pides…
No sé como soltar el miedo…
No sé como manejar esto…
No sé como arreglar el daño que te he hecho…

Hay que aprender a manejar este sencillo mantra para que cuando sí sabemos; cuando sí que tenemos solidez para ellos, nos crean. Hay muchas cosas que sí que sabemos hacer bien. 
Ellos necesitan por encima de todo que lo hagamos, pero desde la verdad que siempre está hecha de sí y no; de puedo y no puedo; de pido y doy; de triunfo y fracaso; de las dos caras de la misma moneda que somos; de las dos polaridades de la que está hecha nuestra humanidad.

Estar delante de un niño así de entero y cierto es un trabajo de titanes, de héroes. Es un acto de tal magnitud que pocas veces estamos a la altura y sacamos de paseo mecanismos de defensa o descalificaciones, y perdemos toda la grandeza que ellos esperan y necesitan de nosotros.


Repito: Sostener la mirada de un niño o adolescente es sostener la vida, y solo podemos hacerlo desde nuestra verdad, grande o pequeña, como sea, pero honesta.

Si no puedes hacer esto no lo hagas, pero no te engañes. Busca en su mirada pistas y señales. Siempre llegan si tienes la suficiente atención, humildad y paciencia para aprender.

Si no puedes hacerlo, retírate a aprender. Lo que le traigas de vuelta será todo lo bueno, grande y bello que ambos necesitáis.

El decir no sé; el bajar los ojos, nos hace ser honrados y entonces sí que tendremos su admiración y respeto.

Si eres su profesora o maestro, su padre o madre, muestra por igual tus fortalezas y tus debilidades. No te escondas. Sé por encima de todo cierto, pues ellos necesitan también tu parte vulnerable que a veces es mucho más heroica que tu fortaleza.


Los niños siempre nos van a perdonar el error, pero nunca la falta de verdad, porque esta segunda les roba la vida.

Marina Escalona


Ven a conocernos  los próximos días 6, 7 y 8 de febrero.

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